
27.Sep.2020. Opinión. Los que han visto la película de Forrest Gump, recordarán aquella escena en la que este personaje comienza a correr de costa a costa los Estados Unidos, quien no se detiene más que para sus necesidades básicas.
A lo largo de su vida, un hombre gay puede llegar a hacer lo mismo: correr y correr sin ningún sentido. Una carrera sin causa alguna con tal prisa que pareciera el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, como si la marea del mar te llevara de un lugar a otro. ¿Es posible vivir así?












