Por qué necesitamos acoger a los emigrantes según Javier Cercas
05.Oct.2026. Política. Somos fans de Javier Cercas y no lo vamos a negar. Y eso no significa que estemos de acuerdo con todo lo que escribe en su columna "Palos de Ciego", que escribe de manera quincenal para la revista El País Semanal. No, no. Significa que siempre tiene una opinión sobre temas triviales y no tan triviales que merece la pena leer y reflexionar, y por qué no, hasta debatir.
Entre el 30 y el 31 de Julio del 2026, se estima que accedieron unas 72 000 personas de manera irregular a Ceuta, España, desde Marruecos, lo que ha convertido este episodio en la mayor crisis registrada en la frontera hispano-marroquí desde la crisis de Ceuta de 2021, dado que es imposible que una ciudad de 80.000 almas acoja de golpe a semejante cantidad de personas. En paralelo, este evento ha desatado discursos xenófobos de parte del Partido Popular y el partido de ultraderecha VOX, quienes al demonizar migrantes están demonizando a cualquier extranjero que vive en España, mensaje peligroso para la convivencia de un país. Por ello, es oportuno recordar por qué necesitamos acoger a los emigrantes.
Por qué necesitamos acoger a los emigrantes
Por Javier Cercas
Recapitulemos: la crisis de Ceuta no fue de partida una crisis migratoria; fue una crisis geopolítica: Marruecos olfateó la debilidad nacional e internacional del Gobierno español y organizó, alentó o toleró la entrada de casi 80.000 personas en Ceuta para mostrarle al mundo lo que puede hacer con Ceuta.
Solo más tarde, cuando la mayoría de los que entraron había salido, la crisis geopolítica se trocó en una crisis migratoria todavía irresuelta, agravada por la torpeza y la gandulería de un Gobierno cuyo presidente siguió de vacaciones durante semanas en vez de hacer lo que debía haber hecho de inmediato: plantarse en Ceuta con su Gobierno en pleno y encerrarse allí a cal y canto hasta haber controlado la situación. Dicho esto, era inevitable que la internacional nacionalpopulista aprovechara la crisis para proseguir su tarea de demonizar la emigración intentando demostrar que constituye la causa de todos nuestros males. Es una mentira flagrante y una perversión sin paliativos. Infinidad de razones justifican este aserto; menciono tres.
La primera y más importante es moral. Todas las civilizaciones conocen el deber de acogida; es un imperativo ético elemental, literalmente sagrado: sin ir más lejos, las Escrituras llaman en numerosas ocasiones a dar de comer al hambriento y de beber al sediento, como predica Jesucristo (Mateo 25:35). Ahora bien, mientras permitamos que miles de personas mueran cada año tratando de llegar a nuestras costas —más de 1.313 desde enero hasta mayo de 2026—, estamos incumpliendo ese mandato. Es una canallada, y cada día que pasa sin que pongamos todos los medios a nuestro alcance para acabar con ella nos convierte en sus cómplices. He ahí la primera razón para acoger a los emigrantes: para no convertirnos en una banda de desalmados.
La segunda razón es económica. Como se sabe, la economía española es ahora mismo una de las que más crecen en Europa, aunque los ciudadanos de a pie no se beneficien lo suficiente de ello (cosa que debería abochornar a un gobierno de izquierdas); pues bien, los economistas convienen en que, de los cuatro pilares que sostienen esa bonanza, uno es la emigración (los otros tres son el turismo, los fondos Next Gen y el bajo precio de la energía). Esta es la segunda razón: si echamos a los emigrantes, el país se arruina. Lo anterior no es una hipócrita declaración biempensante que pretenda ocultar la evidencia de que la mayoría de los emigrantes realiza trabajos subalternos; tampoco un rapaz argumento mercantilista. Es un hecho.
La tercera razón es político-cultural. Es verdad que, como escribió George Steiner, Europa nace de la conjunción entre Atenas y Jerusalén, entre Sócrates y Jesucristo, entre razón y revelación; pero esa es la verdad parcial con que el nacionalpopulismo construye una gran mentira: la de que, para dar lo mejor de sí misma, Europa debe ser blanca y cristiana. La verdad completa es que Europa siempre ha dado lo mejor de sí misma cuando ha hecho lo contrario; es decir: cuando, partiendo de su base judeocristiana, ha sabido asimilar nuevas culturas, tradiciones, lenguas y visiones del mundo, al modo de una criatura mutante que solo es fiel a ella misma alimentándose de lo ajeno. En realidad, no podía ser de otro modo. La pureza es estéril; el mestizaje, fecundo. La pureza mata; el mestizaje da vida. El sueño de una Europa blanca y cristiana no es un sueño: es una pesadilla. Ese es el tercer motivo por el que debemos acoger la emigración: para ser mejores y más fuertes, para ser otros sin dejar de ser nosotros.
Hablo de una emigración ordenada y racional, claro está, cosa que nada tiene que ver con lo ocurrido en Ceuta: es imposible que una ciudad de 80.000 almas acoja de golpe a más de 70.000, ni siquiera a las 8.000 o 10.000 que, según dicen, quedan allí cuando escribo estas líneas; o al menos es imposible sin un estallido social que ojalá no se produzca. Pero, por urgente que sea resolver la situación de Ceuta, lo esencial persiste. Y lo esencial es que nosotros necesitamos a los emigrantes tanto como los emigrantes nos necesitan a nosotros. O más.
La acogida de migrantes exige una gestión ordenada, legal y coordinada entre administraciones españolas, con el fin de lograr que las personas que accedan a España con la intención de quedarse, sea por las razones que sean, sea que vengan en cayucos, nadando o en avión, sea canalizada de manera regular, segura y planificada para evitar la economía sumergida, las redes de explotación y garantizar una integración efectiva en todo el territorio español.
Una vez más la generación actual del Partido Popular ha demostrado que se encuentra sin rumbo en materia de política interna e internacional, sin estrategia y sin futuro.No están listos para gobernar.
Magdiel J. Sevilla
@magdieljsevilla
Con el texto de "Por qué necesitamos acoger a los emigrantes" de Javier Cercas, publicado en la revista El País Semanas No. 2609, del Domingo 27 de Septiembre del 2026.
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