amigo gay amigasRosa Montero: `Hay que pedir perdón´

 

23.Jul.2026. Para Leer. Yo quiero que todos los corruptos que ha habido en la España democrática me pidan perdón. O por lo menos los de los últiomos 20 años, que no me gusta ser avariciosa.

 

Hay una página de internet, ­corrupción-ppsoe.es, que es una base de datos de los mangoneos de ambos partidos. Ignoro quién está detrás de la web y quizá sea una mano muy negra, pero no cabe duda de que se lo han currado. Documentan minuciosamente 143 casos judiciales del PSOE y 261 del PP (ojito con ampararse en eso de “pues ellos más”, a mí una sola tropelía ya me parece indecente) y resulta desoladora, sobre todo teniendo en cuenta que faltan muchas marrullerías en este cómputo, como las flamantes pujoladas o las borbonadas del anterior rey.

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Para peor hay muchos empresarios y políticos picaruelos que terminan saliendo de rositas porque el delito ha prescrito, o porque alegan defectos procesales, o porque la corrupción de esa envergadura es siempre difícil de probar. Pues eso. Quiero que todos ellos me pidan perdón por robarme no solo el dinero, sino, sobre todo, por arrebatarme la fe en el género humano y la confianza en la democracia y las instituciones.

 

Y no creo ser la única que necesita recibir un desagravio en España. En conjunto creo que somos un país con un grave déficit de disculpas. Aun peor, me parece que vivimos en un mundo en el que casi nadie pide perdón por nada. Con lo útil, empático, instructivo y redentor que resulta ponerse en pie, llenar el pecho de aire, alzar la barbilla, mirar con rectitud hacia delante y decir: lo siento.

 

Pero cuánto, cuantísimo nos cuesta hacerlo a todos. No solo a los malos reconocidos y declarados, a los condenados, a los imputados, a los investigados, a los sospechosos de una y mil guarradas, sino a cualquiera de nosotros, vaya, hasta al más prudente y en apariencia más santo. No nos han enseñado a pedir perdón. Nos parece una humillación y raramente lo hacemos.

 

A ver, tú mismo, que me estás leyendo al otro lado de estas páginas, ¿cuántas veces te has disculpado en tu vida? Y no hablo de esos ligeros y automáticos “ay, perdón” de cuando te has sentado en el lugar del otro inadvertidamente, o le has dado un codazo sin querer, o incluso has roto algo valioso por tu torpeza o tu imprudencia. En semejantes casos muestras tu contrición con mayor o menor apuro y se acabó.

 

amistad gayPero no me refiero a eso, sino a cuando las disculpas son un punto y aparte en un comportamiento sustancial, en una interacción prolongada con el prójimo. Supone reconocer que tu forma de ser, o al menos parte de lo que eres, ha sido errónea y ha dañado a alguien. En definitiva, has actuado mal. Pedir perdón de verdad exige una autocrítica e incluso propósito de enmienda, como sucede en las confesiones del catolicismo.

 

Pregúntate cuántas veces en tu vida has pedido un perdón así. De esos que te arden en el pecho y son como una bola de pelo de gato difícil de escupir. Porque, además, ese tipo de perdones esenciales no tienen asegurado un final feliz. A veces, el que debería perdonar se niega a hacerlo. Allá él o ella; sus razones tendrá (o su sinrazón), pero en cualquier caso creo que pedir hondas y sinceras disculpas, te las acepten o no, siempre es algo bueno. Primero para una misma, porque supone un trabajo previo de autoanálisis y la esforzada ambición de ser mejor. Pero también para todos, porque creo que los actos buenos repercuten en el mundo. Aligeran las sombras y los corazones.

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Nadie es perfecto. Por mucho que lo quieras ser (o, aún peor, que lo creas ser, sumido en tu soberbia), todos tenemos agujeros, errores, egoísmos, mañas vanidosas y tal vez abusivas. Piensa bien: ¿nunca has hecho nada de lo que te avergüences? Yo sí. ¿Has pedido disculpas alguna vez, disculpas de verdad, de estas que te queman un poco el corazón? No en demasiadas ocasiones, pero lo he hecho. Y me temo que hubiera debido hacerlo más. Mirad qué bien les ha sentado a Felipe VI y a la presidenta Sheinbaum la ceremonia del perdón. Qué bien nos ha sentado a España y a México.

 

Deberíamos pedirnos todos disculpas los unos a los otros mucho más. Habría que enseñarlo en los colegios, establecer una festividad al año. El Mea Culpa International Day. Pedir perdón es un superpoder porque nos obliga a mirar mejor al próximo y a ser más responsables y más autocríticos. Pedir perdón, y perdonar, es un acto de justicia desde el amor.

 

Rosa Montero

Artículo publicado en la sección "Maneras de Vivir" de la revista "El País Semanal", del Domingo 12 de Julio del 2026.

 

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