hombre defecando en el banoConfesiones de Medianoche: `Recuerdo de una noche de verano (y mal de estómago)´

 

24.Feb.2025. Anécdotas. No se ustedes, pero yo siempre he envidiado a los actores gays que trabajan en películas para adultos. Vamos, películas de este estilo cuya descripción ya nadie escribe en la web por temor a la censura que existe actualmente: artistas porno.

 

¿Que por qué los envidio? Porque en esas pelis siempre están dispuestos y listos para "jugar". Alguien está en la oficina trabajando, aparece otro hombre guapísimo por la puerta, cruzan algunas palabras, miradas y ¡bum!... Hay tema en donde la ropa brilla por su ausencia. Alguien lleva el vehículo a repararlo en el taller, te atiende un mecánico sin camisa y ¡bum!... Hacen de todo y se besan hasta la sombra. Alguien va al médico a revisión y resulta que el médico le pide que se quite toda la ropa y ¡bum!... no hay un orificio del cuerpo que no quede sin recorrer.

 

Hombre sonriente En otras palabras, en esas películas siempre pasa de todo. Con escenas que se repiten una y otra vez desde diferentes ángulos. Pero a los simples mortales no nos pasa lo mismo, incluso en aquellas ocasiones que planificamos con tiempo. No pocas veces me he quedado con las ganas.

 

Recuerdo aquella vez que Asdrúbal y yo queríamos reproducir lo que pasa en esas películas. Nos habíamos conocido en un aeropuerto y desde que comenzamos a hablar, supimos que había química. En otras palabras: nos gustamos mutuamente (aunque no tanto para irnos al baño para hacer cochinadas).

 

Adrúbal y yo no tomábamos el mismo avión ni vivíamos en la misma ciudad. Sin embargo, luego de hablar largo y tendido mientras esperábamos nuestros respectivos vuelos retrasados, compartimos nuestros teléfonos y seguimos hablando por varias semana. Tuvimos más de una vez sexo por teléfono y es que sólo escuchar su voz, me ponía a 1000. Rápidamente descubrimos que él era un hombre recién aceptado como un hombre bisexual y yo, un hombre gay hecho y derecho.

 

atractivoEn aquél entonces yo compartía casa con un amigo hetero, así que aprovechando que Asdrúbal tenía que pasar por mi ciudad, decidimos que nuestro encuentro sería en un hotel cerca de mi casa. Asdrúbal tenía que hacer unos trámites un viernes y se marcharía al día siguiente, por lo que aprovecharíamos para vernos ese mismo viernes por la noche¡Qué ganas teníamos de comernos mutuamente!

 

Pero eso no sucedió. O al menos, no sucedió como esperábamos. Un día antes, es decir, la noche del jueves anterior, cené algo que me cayó  muy mal y estuve todo día viernes mal del estómago, lo que me hizo ir al baño muchas veces. 

 

Perdí la cuenta de las veces que estuve sentado el water ese día y aun así, me presenté en el hotel por la noche (el morbo es más fuerte de lo que creemos). Hablamos, nos tomamos algo y subimos a su habitación. Tuvimos todo el preámbulo que quisimos, pero tuve que pasar por el baño una vez más.

 

Asdrúbal era 100% activo, por lo que me tocaba a mí desempeñarme como pasivo. Cuando intentó hacerme suyo, me di cuenta a las bravas que no podía. Había ido tantas veces al baño que no pude soportarle ni cinco segundos adentro. Es más, con cada intento, salía corriendo al baño de nuevo.

 

hombre idealDebo reconocer que Asdrúbal fue atento conmigo y tuvo paciencia. Sin embargo, después de varios intentos infructuosos, decidimos no intentarlo más. En su lugar, decidimos pasar la noche durmiendo, a pesar de sus ganas de hacerme suyo y a pesar de las mías de que me hiciera suyo. Lamentablemente, no ocurrió todo lo que usualmente pasa en las películas para adultos que tanto deseábamos.

 

A la mañana siguiente desayunos juntos, aunque mi estómago no estaba del todo recuperado. Luego de desayunar, Asdrúbal y yo nos despedimos y dijimos que volveríamos a intentarlo en el futuro.

 

Sin embargo, recuerdo que me sentía avergonzado por toda la situación. Además de que en el desayuno, Asdrúbal me preguntó si me había realizado un examen de VIH recientemente, mensaje que entendí perfectamente y a lo que le contesté que lo del estómago no se trataba de algo recurrente, sino de algo muy puntual.

 

Jamás olvidaré esa noche de verano y desconozco si Asdrúbal me creyó. Sólo se que eso pasó antes de la pandemia, que sigo siendo VIH negativo (me hago la prueba todos los años) y que no se nada de Asdrúbal. De hecho, desde ese día, nunca más volví a saber de él.

 

El descompuesto ardido


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