hombre sexy comiendo un heladoConfesiones de Medianoche: `Mi lengua y el chico español de mis sueños´

 

27.Abr.2025. Anécdotas. Mi lengua es mi perdición. Mi dolor de cabeza. Quizás también mi bendición (sino, pregunten a aquellos hombres que han entrado en mi cama). Bíblicamente se puede decir que la lengua puede bendecir o maldecir y quien la puede controlar es capaz de manejar una inmensa nave. Confieso que mi lengua tiene vida propia.

 

En la habitación

A mi lengua no la puedo controlar cuando comparto mi cama con otro hombre. A ella le gusta explorar, saborear, interactuar, chupar, lamer, ya sea una boca, unos labios, un cuello, un pecho, una espalda, unas piernas, unos glúteos, unos dedos de la mano, unos dedos de los pies. Todo, todo, todito. No la puedo controlar en la habitación.

 

Más de un hombre se ha quedado con “los ojos en blanco”, pidiendo que pare, que se detenga, exigiendo clemencia, deseando retrasar un poco más el orgasmo cuando mi lengua explora un poco más abajo del ombligo. Ella es así. Es su forma de ser.

 

Se sabe que algunos hombres le asignan un nombre a sus "miembros". Yo nunca he pensado en ponerle un nombre al mío. De hacerlo, también le pondría un nombre a mi lengua.

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En Madrid, España

Desde hace unos años estoy viviendo en Madrid, la ciudad de los hombres velludos... que vivan los hombres con pelo en el pecho!!!

 

Soy uno de esos profesionales latinoamericanos que ha tenido que buscar un futuro mejor lejos de mi país de origen. En España me ha ido bien. Muy bien. Excelentemente bien. No sólo porque el país va muy bien, gracias a políticos que hacen muy buena gestión y que deberían tener clones países de latinoamérica, como el Presidente de España Pedro Sánchezsino especialmente por la seguridad que se vive. En cualquier ciudad de España se puede salir de noche sin temor alguno y hablar por teléfono móvil sin tener miedo de que te lo quiten en la calle a punta de pistola.

 

Pero no es de política sobre lo que quiero hablar. Ni de buenas o malas gestiones. Quiero hablar sobre las últimas andanzas de mi lengua. Y no es una historia de alcoba. Esas historias las conocemos más. Basta con una peli porno para tener una idea. Sobre lo que quiero contar ocurrió en un bar.

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En bar del Club Independence

A mi lengua no la puedo controlar cuando estoy en un bar. Especialmente cuando tengo unos tragos de más. Cuando se hace presente “mi otro yo”. El yo divertido, el risueño, el simpático. El que es capaz de abordar a quien sea. Las mejores historias me ocurren en los bares para heteros. También mis peores pesadillas, ¿gracias a quién? Gracias a mi lengua.

 

Hace unos años atrás, mi bar, discoteca y sitio preferido era el Club Independence, en el centro de Madrid, frente a la Plaza Jacinto Benavente. La música era espectacular, las bebidas eran buenas y la gente bonita. Ese sitio era de corte heterosexual y estaba lleno de “lobas” en busca de ligues, de las cuales suelo huir. A ver si lo explico bien: ¡No me atraen sexualmente las mujeres!

 

Con la música a tope lo vi. Allí estaba él. Era uno de esos españolitos de mis sueños, junto con seis amigos más. Cabello castaño, de unos 30 años, velludo, con lentes/gafas, ojos claros, robusto, un poco menos de 1.80 cm y con unos pantalones que demostraba que estaba bien equipado tanto por delante como por detrás.

 

No podía evitar observarle. Estuve viéndole toda la noche. Aunque él estaba junto a un grupo de amigos charlando, él se dio cuenta de mi mirada. De vez en cuando me miraba también. Si hay algo que he aprendido de los españoles es que por más heteros que sean, se sienten halagados cuando otro hombre está pendiente de ellos.

 

Luego apareció una chica que vio al chico que tanto había llamado mi atención. Evidentemente ella tenía gustos similares a los míos. Ella le bailó, le besó en la mejilla y le metió mano, pero él no le hizo caso. Y repitió el mismo guión con cada uno del grupo de amigos (a ver quién caía). No la culpo. Todos eran simpáticos y guapos. Sólo el más bajito del grupo le prestó algo de atención. Fue el único que bailaba con ella para corresponderle el detalle de querer bailar con él.

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Fue entonces cuando uno de ellos, el chico histérico del grupo comenzó a decirle a ella que se fuera a otro lugar a bailar. Ella se negó. Fue una situación bastante graciosa que se repetía una y otra vez. Por un lado, ella, muy borracha, intentando bailar con ellos, intentando seducir a cualquiera de ellos. Y por el otro, el chico histérico, intentando que se fuera, que bailara en otro lugar, que los dejara tranquilos. Todo un espectáculo.

 

Mi mirada seguía al españolito que más me gustaba. Él me veía (Si algún día lees esto, quiero que sepas que se muy bien que me veías. No lo sigas negando). Pero debo volver a aquella noche...

 

Yo seguía observándole. Detallándole. Y de pronto, sucedió algo que inesperado. Todo un giro de guión: El españolito se dirigió hacia mí, se tropezó conmigo y se fue al baño.

 

Tardé unos segundos en reaccionar. ¿Qué acababa de pasar? ¿Será que él quería que le siguiera al baño? Como en una especie de trance, de pronto me vi caminando en dirección al baño y cuando entré, me fijé que estaba el españolito que me gustaba frente a un urunario en un extremo izquierdo del baño y el bajito en el otro, en el derecho. Había un urinario en el centro disponible para mi. Fui directo allí.

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Quisiera decir que mi mirada se concentró en mi. Pero no fue así. Mi mirada se fue a mi izquierda. Y le vi todo. TODO. El españolito de mis sueños tenía un miembro perfecto. Eso sí, allí me abstuve de hablar o de buscar conversación, afortundamente.

 

Salí de aquél baño e inmediatamente se encendieron las luces del local para cerrar y ya en dirección para salir del local, mi lengua tomó el control... mi perdición...

 

Recuerdo cómo abordé al chico histérico, diciéndole que la chica que quería algo con alguno de ellos le estaba buscando, nos reímos y salimos afuera... Recuerdo cuando les reclamé por haber tratado mal a la amiga "falta de cariño", y felicitaba al chico bajito por haber sido un caballero bailando con ella... total... ella lo que quería era bailar...

 

Recuerdo haberles invitado una cerveza a todos en la puerta del local (en Madrid hay vendedores de cerceza itinerantes) y preguntarles cómo era posible que hubiesen salido solos si el local estaba lleno de "lobas".

 

Recuerdo haberles dicho que tuve que moverme varias veces de lugar porque habían unas "lobas" que querían algo conmigo pero yo no quería nada con ellas porque yo era gay (si... mi lengua se desinhibe por completo cuando toma el control).

 

Recuerdo haberles caído muy bien, todos se presentaron:

 

  • Antonio (el españolito de mis sueños)
  • Anchorena (el chico bajito super adorable, con barba super sexy)
  • Francisco Diego "El Paco" (el chico histérico, muy atractivo pero también muy histérico)
  • Javier Torres (el chico más risueño, nunca paró de reír)
  • Javi (el chico más serio, como para casarse y darle un par de hijos)
  • Melendi (el chico rapado de ojos claros más sexy del grupo)
  • Suren (el chico de cabello perfecto, muy bello e interesante)

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Recuerdo cuando Melendi me dijo que él había tenido suerte porque se había dado unos besos con una chica y tenía su número, a lo que le respondí que si... que lo había visto todo. Que yo estaba pendiente de cada uno de ellos (esa lengua mia!!!).

 

Recuerdo cuando Javier Torres me preguntó que por qué estaba pendiente de ellos, a lo que le respondí que "realmente no quería perder de vista a uno del grupo que me gustaba mucho".

 

Ante mi respuesta, todos se miraron las caras y comenzaron a reírse. Anchorena comenzó a decir: "¿Soy yo verdad? ¿Te gusto yo?". Recuerdo que mi lengua, ya desatada y totalmente desinhibida respondió: "Tu eres muy lindo Anchorena, pero honestamente estoy derretido por Antonio...... es guapísimo!!!". 

 

Recuerdo que Javier Torres me  preguntó: "¿Te gusta Antonio? Pero, por favor...  ¿Qué es lo que te gusta de él?". Mientras eso sucedía, Antonio se reía y se escondía detrás de Javi. Ante esa situación mi lengua seguía haciendo de la suyas, pues le respondía que: "Antonio tenía la altura y el peso perfectos, además de tener una cara bonita y parecer ser muy velludo".

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Recuerdo cuando Melendi respondió diciendo: "Y también la tiene grande". Me eché hacia atrás y casi que le grité "Melendi... pero cómo carajos sabes eso???". Melendi, muy naturalmente me respondió que lo sabía porque ha visto a Antonio salir de la ducha desnudo.

 

Recuerdo que le respondí: "A la verdad no me pareció muy grande. Lo que sí me pareció gruesa. Muy gruesa. Al menos me lo pareció cuando se la vi hace un rato en el baño". (Lengua, te odiooooooo!!!).

 

Recuerdo que todos se morían de la risa y añadí "Lo que sí me extrañó es que con lo blanco que es Antonio esperaba que fuera rosadita. Resultó ser mucho más oscurita de lo que esperaba". (Mi lengua no tiene vergüenza, cómo la odiooooooo!!!).

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Recuerdo escuchar a Melendi decir "yo si la tengo rosadita, y no soy velludo. Es más, aquí abajo no hay pelos". A lo que le respondí: "Tranquilo Melendi, ya te imaginé completamente desnudo y te imaginé exactamente así". Melendi se puso rojo como un tomate de la vergüenza, completamente arrepentido por haber hecho el comentario. (¿Por qué mi lengua me hunde así?).

 

Recuerdo que en medio de risas, Javi le pidió a Melendi que respetara, que a mí me gustaba Antonio. Ante aquello, le respondí que efectivamente, todos eran muy simpáticos, es más, que "podría tener algo con cualquiera de ellos, pero el chico que más me gustaba era Antonio, quien también me daba 'vibraciones'...". (Mi lengua, una vez más metiéndome en problemas).

 

Recuerdo que Anchorena me preguntó qué eran esas "vibraciones" que yo comentaba y le contesté que "cada hombre gay llega un gaydómetro interno, algunos más calibrados que otros y que Antonio me parecía un chico gay, especialmente por esos jeans super ajustados que llevaba puestos", y que "no sólo le quedaban muy bien, sino que hacía resaltar su equipaje tanto por delante como por detrás". (Mi lengua hundiéndome... madre de Dios...).

 

Recuerdo cómo todo el grupo animaba a Antonio para que modelara para mi y en una de esas vueltas le di un par de palmadas en sus glúteos .(Oh Dios, mi mano, rebelándose también).

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De pronto, Suren comenzó a decir algo como "tan seriecito que se ve en la oficina", como insinuando que me conocía. Luego no sólo era Suren sino también Javier Torres, luego Javi también.

 

Me quedé petrificado cuando Suren comenzó a nombrar compañeros de trabajo que tenemos en común. Casi me desmayo cuando Javi describió exactamente dónde trabajaba yo, en qué piso estaba, mi ubicación en la oficina y el departamento donde pertenecía. Era obvio que Suren y Javi trabajaban en la misma empresa que yo. Me conocían o me habían visto, aunque yo no a ellos.

 

Inmediatamente, un taxi se detuvo frente a nosotros y se fueron Francisco Diego "el Paco", Suren, Melendi (quien prometió darme el número de Antonio) y mi Antonio. Adiós a mi Antonio, el españolito de mis sueños.

 

Javier Torres, Javi, Anchorena y yo caminamos hacia la Plaza Jacinto Benavente y allí me despedí de ellos con un abrazo, como si nos conociéramos de toda la vida. (Lo que hace mi lengua... y el alcohol).

 

De vuelta en la oficina

El Lunes sigestuve inquieto. Una parte de mi deseaba que toda la experiencia hubiera sido un sueño... que vergüenza... todo lo que dije... por culpa de mi lengua... ... Pero todo se vino abajo cuando vi entrar a Javi.  De pronto toda la anécdota la reviví en mi cabeza. (¿Por qué mi lengua me hace pasar por estas situaciones?).

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Cual oveja al matadero me armé de valor y me levanté a saludar a Javi, quien me comentó que habían hecho apuestas entre ellos. Unos apostaban que yo no me atrevería a saludar, que ignoraría todo el asunto por completo, fingiendo demencia. Javi me confesó que Suren había trabajado allí pero que se había ido unos meses atrás.

 

No se quién o quiénes ganaron o perdieron la apuesta... lo cierto es que escribo esta historia para drenar... Cada vez que veo a Javi vuelvo a esa noche... la última vez que fui a ese club... De hecho, no he vuelto al Club Independance desde que sucedió toda esta historia

... aun no he superado la vergüenza...

 

Es hora de levantar el castigo a mi lengua, reconciliarme con ella. Quizás me anime a volver al club. Prepararme para una nueva historia allí. Quizás deje que mi lengua haga de las suyas de nuevo. Total, hacemos buen equipo. Al menos en mi habitación. Ojalá pueda demostrárselo algún día a Antonio, el españolito de mis sueños. 

 

S.S. 

(El de la lengua perdida...)


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