jair bolsonaro candidato presidencia brasilDosmanzanas publica carta que refleja la preocupación de parte del colectivo LGBT de Brasil ante la posible victoria de Bolsonaro

 

19.Oct.2018. Política. Como ha ocurrido en otros países latinoamericanos, la corrupción, el auge de la violencia y el voto a nuevas propuestas para castigar a los partidos tradicionales (voto castigo), han hecho que surjan líderes populistas que aunque votados por ser `el mejor remedio´, terminan siendo peor que la enfermedad.

 

Si la victoria de Donald Trump en Estados Unidos preocupaba mucho, la posible victoria del candidato Jair Bolsonaro en Brasil preocupa mucho más. De acuerdo con algunos medios internacionales, la fórmula es sencilla: Como Donald Trump y otros populistas actuales, se alimenta acosando a sus adversarios. Es así como Jair Bolsonaro se permite:

 

  • Expresar frente a las cámaras de televisión que no se atrevería a "violar" a una diputada por ser ésta muy fea
  • Expresar que quiere "establecer los valores familiares"
  • Proponer armar a la población para matar a los criminales
  • Dedicar su voto al jefe del centro de tortura de la dictadura brasileña (cuando votó por la destitución de Dilma Rousseff)
  • Decir que prefiere que un hijo se muriera en un accidente “a tener un hijo homosexual”

 

Recientemente el candidato Jair Bolsonaro publicó un video en el que aparece acompañado de Lili Ferraz, reconocido maquillador homosexual, en un intento de acallar a quienes los acusan de homofóbico y sumar apoyo entre la comunidad gay:

 

 

Sin embargo, ante la posible victoria de un candidato que reunió un 46% de los votos en la primera vuelta, y que al mismo tiempo, ha sido acusado de homofobia, machismo y racismo, nos permitimos publicar una carta recibida por el sitio web Dosmanzanas.com, la cual refleja la preocupación de parte del colectivo LGBT de Brasil: 

 

"Soy un brasileño afincado en Madrid, ciudad en la que he vivido los últimos 21 años. Aunque llevo muchos años fuera de Brasil, he seguido muy de cerca todo lo que ocurría allí a través del contacto directo con familiares y los medios de comunicación locales. Desde hace unas semanas el mundo tiene los ojos puestos en la situación política de Brasil, pero para entender lo que está pasando ahora tenemos que mirar atrás, sobre todo a los últimos 16 años.

 

Brasil tiene una democracia muy joven que cuenta con apenas 33 años de historia tras 21 años de dictadura militar. Desde 2002 el país ha estado gobernado por el PT (Partido de los Trabajadores), formación política de izquierdas surgida del movimiento sindicalista. Durante los 8 años de gobierno del Presidente Lula —de 2002 a 2010— y los 6 de la presidenta Dilma Rouseff, Brasil llegó a su mejor momento: menos pobreza, más empleo, más acceso a sanidad y educación, más derechos para las minorías y crecimiento de la industria nacional.

 

Aunque es verdad que el gobierno de Dilma ha estado salpicado por la corrupción y por una crisis económica sin precedentes, se llevaron a cabo muchos avances sociales como la aprobación del matrimonio igualitario en 2011.

 

Harta de la corrupción, la violencia y la inseguridad, la sociedad brasileña empezó a pedir un cambio. Aprovechando la vulnerabilidad de los ciudadanos, sale a escena Jair Messías Bolsonaro, un militar diputado por el Estado de Río de Janeiro que pocos conocían pero que nunca escondió su afinidad hacia la dictadura, su apoyo a la tortura, y su rechazo a la población negra, la comunidad LGTBI+ y sus ideas machistas.

 

Su discurso fascista se centraba en culpar de todo lo que estaba sucediendo a los «comunistas del PT». Para que su mensaje calara, se apoyó en la iglesia evangélica, institución que representa casi el 25% de la población brasileña y que cuenta con una gran presencia en la política del país, tanto en el ámbito nacional como local.

 

Bolsonaro se ha erigido como el salvador de la patria y se ha propuesto «gobernar para la mayoría ya que las minorías deben adaptarse o desaparecer». Desde que quedara en cabeza con 46% de los votos en la primera vuelta de las elecciones del pasado 7 de octubre, en todos los rincones del país han tenido lugar agresiones homófobas, racistas y machistas; algunas de ellas han provocado la muerte de las víctimas. Los agresores, en algunos casos, han pronunciado amenazas como «cuando Bolsonaro sea nuestro presidente no quedará ninguno como tú», refiriéndose a la comunidad LGTBI+.

 

Existe la amenaza de que Bolsonaro se convierta en el próximo presidente de Brasil, y eso sumaría al país en un caos. Algunas de las medidas que defiende son liberalizar la tenencia de armas, acabar con los tratamientos gratuitos de VIH/sida, ilegalizar diferentes corrientes políticas y religiosas, eliminar las políticas medioambientales y de carácter social, acabar con las ONG… y muchas más.

 

Brasil está dividido. Una parte de la población se ha unido para defender la democracia, la otra destila odio e intolerancia. Ya no se trata de una confrontación política de la izquierda contra la derecha. Se ha convertido en algo moral y humano. Ya no es una cuestión partidista, ahora se trata de defender la libertad de las personas para que sean libres de ser ellas mismas.

 

En mi caso personal, soy gay y gran parte de mi familia vota a Bolsonaro. Para mí es una situación muy complicada porque, aunque intento no llevármelo a lo personal, no es fácil cuando ves que tu familia tiene su esperanza puesta en una persona que ha declarado que prefiere tener un hijo muerto a un hijo gay.

 

Me cuesta pensar que en mi próximo viaje podré sentarme en la mesa con toda la familia y hacer como si todo estuviese bien, porque no lo está. Por un lado, sé que están siendo manipulados por el discurso populista, pero por otro, me cuesta entender la falta de empatía, no solo conmigo, sino también con otras personas cercanas. Este sentimiento es generalizado en la comunidad LGTBI+.

 

Lo comento con amigos gais brasileños que están en Brasil y Madrid y coincidimos en que la relación con nuestros familiares y amigos ha cambiado. Hasta ahora, pensábamos que éramos queridos y aceptados, pero las máscaras se han caído y nos hemos dado cuenta de que estamos rodeados de intolerancia. Una intolerancia que quizás siempre haya estado ahí, pero que ahora, al verse avalada por un discurso político, ha aprovechado para salir del armario.

 

Formo parte de un grupo de Facebook para la comunidad LTGBI+ contra Bolsonaro que cuenta con más de 450.000 miembros y en el que se comparten historias de miedo, de amenazas, de agresiones, pero también donde nos apoyamos y nos animamos.

 

La comunidad LGTBI+ tiene miedo de lo que pueda pasar en la calle, e incluso miedo de las personas en las que hasta ahora habíamos confiado, pero no estamos dispuestas a quedarnos de brazos cruzados. Hay mucha preocupación, pero estamos decididas a plantarle cara al odio y a la intolerancia. El próximo 28 de octubre será un día decisivo para Brasil y confiamos en que el amor vencerá. #elenão #elenunca #elejamais"

 

Brasil parece estar en una encrucijada. El discurso incendiario de Jair Bolsonaro parece haber permeado mucho en sus seguidores, quienes han dicho que si no gana las elecciones se deberá a un fraude electoral.

 

Todo indica que estas elecciones no van pacificar a ese país.

 

Magdiel J. Sevilla

@magdieljsevilla 

 

La carta fue enviada al sitio web www.dosmanzanas.com.

Para ver el artículo titulado «Soy gay y gran parte de mi familia vota a Bolsonaro», puedes hacer click aquí

 

Ver también:


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