Confesiones de Medianoche: `El día que dejé de ser un hombre gay pasivo´
01.Ago.2026. Anécdotas. Mi primera relación fue con otro chico. Nunca antes había estado con una chica, así que esa primera relación marcó un antes y un después. Eso sí, debo confesar que siempre sentí más atracción por los chicos que por las chicas, así que no siento ningún tipo de pena al respecto. Y lo aclaro antes de que alguien vaya a pensar que ese chico, que a partir de ahora llamaremos Nandito (de Fernando), me perjudicó o algo así. En absoluto. Yo le deseaba y él me deseaba a mí.
Nandito tenía un recorrido sexual mucho más amplio. No como yo, que era un todo cero-kilómetros. Un chico tiernito a estrenar. Él siempre fue un chico muy atractivo. Tenía muchas enamoradas que hacían lo posible y lo imposible para conquistar su corazón. También me contó que sabía de algunos chicos cerca de su casa donde vivía que estaban al acecho para comérselo. Aun recuerdo algunas las anécdotas que me contaba de cómo algunos hombres casados y solteros le hacían propuestas e invitaciones desde otros pisos del edificio de enfrente (algunas incluían desnudos, por cierto), incluso desde algunos locales comerciales frente a su casa.
Nandito ya había aprendido lo justamente indispensable de las artes amatorias. Y yo me convertí en su discípulo. De él aprendí todo lo que se... desde el punto de vista de un hombre pasivo.
Nandito fue un romance de verano, pero fue un gran maestro. Quizás le reprocho que sólo me enseñó un lado de la moneda. Con él aprendí a ser un hombre pasivo, rol que disfrutaba al máximo, pero no me brindó la oportunidad de experimentar nada más.
Después de Nandito tuve relaciones fugaces, cortas y de mediano plazo. En todas ellas fui el pasivo de la relación. Nunca noté que me faltara nada más. Siempre fui un buen pasivo. Hasta que mi mundo dio un vuelco: conocí a Kiko.
Kiko (Federico), entró en mi vida como un huracán. Con el tiempo he aprendido que en el mundo existen personas que tienen una fuerza, energía, poder o encantamiento que va más allá de nuestro entendimiento. Creo que todos hemos conocido a alguien así al menos una vez en la vida. Kiko fue una de esas personas para mí. Me habían invitado a un cumpleaños y apenas le vi, caí bajo sus efectos.
Kiko no era un hombre atractivo, pero un hombre sexy e inteligente. Físicamente de contextura robusta, de barba y pecho velludo, de esos hombres que tienen un halo de misterio que te invita a querer saber más o compartir más. Desconozco si él es consciente de su fuerza, energía, poder o encantamiento, pero yo caí rendido. Incluso su aliento era embriagador. Estar cerca de él o sentir su aliento, me obligaba a buscar desesperadamente sentarme de inmediato, para evitar que se notara esa erección que se abría paso más abajo de mi ombligo. Esto es algo que me ha pasado con hombres heterosexuales y como en dos oportunidades con un par de chicas (ocasiones en las que me he sentido sorprendido, pero sin ánimos de ir más allá).
Para mi fortuna, Kiko era de mi club. No tardé en reparar que Kiko era gay, cosa que me re-confirmaron sus amigos. Como era de esperar, hice lo posible o imposible por tener su número de teléfono, para escribirle, para enamorarle, para conquistarle. Lo quería para mí. Y ese momento llegó más temprano que tarde.

Cuando me metí en la cama de Kiko, descubrí que era un hombre tan pasivo en la cama como yo, pero eso no fue un problema. Siempre he sentido placer brindando placer como hombre pasivo. En ese momento, mi deseo era brindarle a placer a Kiko, y si eso significaba convertirme en un hombre activo, pues estaba dispuesto a pagar ese precio.
Lamentablemente, mi cuerpo no respondió. Me puse nervioso ante mi falta de experiencia como hombre activo y no pude mantener la erección. Kiko se dio cuenta enseguida y me dijo que no me preocupara. Que era normal lo que me pasaba y que podíamos intentarlo de nuevo. Le pedí que me perdonara pero que estaba seguro que la próxima vez iría mejor.

Me sentí fracasado pero no desistí. Me fui a mi casa frustrado pero inmediatamente me prometí que me re-programaría. Pasé una semana soñando despierto con Kiko, él como pasivo, yo como activo y en innumerables posiciones sexuales y lugares (su casa, la mía, la cocina, la sala, etc.) Descargué mi calentura en la cama y en el baño innumerables veces, siempre pensando en él, cada día, varias veces al día, e imaginando mi nuevo rol como hombre activo.
Al cabo de una semana, volvimos a vernos y era la oportunidad para poner en práctica todo lo que había estado imaginando, soñando y deseando. Esta vez mi cuerpo respondió. Y respondió con toda normalidad los siguientes días, las siguientes semanas y los siguientes meses. No extrañé para nada mi rol de pasivo. Con él, descubrí un mundo nuevo para mí.
Intentamos tener una relación pero Kiko no estaba preparado para ello, por lo que nuestra relación tarde o temprano acabó. Pero con Kiko aprendí a ser un hombre activo. Lo fui enteramente para él. Desde entonces, he tenido relaciones en las que he sido enteramente pasivo, enteramente activo y enteramente versátil. He disfrutado de todas ellas. Ya no me considero un hombre pasivo.

Dicen que nunca se olvida la primera vez, y doy fe de ello porque me ha pasado a mi. Es más, puedo decir con propiedad que he tenido dos primeras veces. Una con Nandito y otra con Kiko. Son dos primeras veces en mi haber que no olvido. Todo lo contrario, recuerdo estas anécdotas con nostalgia y cariño. Lo se porque mientras escribo estas líneas tengo una sonrisa en mi rostro. Son experiencias que nunca olvidaré.
En este momento me pregunto si tendré una primera vez con una mujer... ¿Seré capaz? ¿Lo disfrutaré? Son pensamientos que pasan por mi cabeza cuando recuerdo estas dos primeras veces. Luego viene a mi mente la imagen de un hombre semi-desnudo o completamente desnudo frente a mi, y dichos pensamientos con posibles chicas se me pasan.
El hombre pasivo, activo y viceversa
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