¿Qué futuro nos espera con la inteligencia artificial?
17.Sep.2026. Tecnología. Si alguien navega por la hemeroteca del periódico El PAÍS, puede cruzarse con un artículo publicado el 8 de diciembre de 1990 por Xavier Mulet i Baixauli (no es familia del firmante de estas líneas), ingeniero informático, economista y profesor asociado en la Universidad Politécnica de Valencia. En este artículo argumentaba a favor de la informatización del servicio de salud. El autor describía las probables ventajas que tendría un sistema de salud informatizado y la existencia de una tarjeta sanitaria. Prácticamente todas las predicciones que hacía en 1990 las puede experimentar cualquier ciudadano que utilice un servicio de salud público en 2026. Por lo tanto, aplicar ordenadores a los servicios públicos, lejos de aumentar la brecha social, lo que hizo fue disminuirla.

Cualquier nueva tecnología sigue un proceso similar. Primero hay una fase de miedo y de incertidumbre. Por ejemplo, de los trenes se decía que el cuerpo humano no estaba preparado para soportar velocidades tan altas (las primeras alcanzaban picos de 35 kilómetros por hora) y que esto podría producir locura o daños a largo plazo. También circulaban todo tipo de rumores, como que asesinaban niños para utilizar su grasa como lubricante de las vías. De la electricidad también se decía que servía para propagar enfermedades y dominar la población. ¿Te suena lo que dijeron algunos sobre el 5G durante la pandemia? La historia tenía más de 100 años de antigüedad.
En las últimas décadas hemos vivido procesos similares con la telefonía móvil y con internet. ¿Cuánta gente conoces que juraba que nunca tendría teléfono móvil y hoy no deja de enviarte memes por WhatsApp? En general, pasado el miedo y la incertidumbre, surge la etapa de inflación de las expectativas. Al final llega la fase de estabilización en la que la nueva tecnología encuentra su mercado, su ámbito de aplicación y se queda como algo que tiene su papel en la sociedad y este papel es imprescindible. ¿Alguien se imagina una vida sin electricidad? En Abril del año pasado sufrimos un simulacro en España durante unas horas y está claro que no es lo que deseamos.
Con la inteligencia artificial, ahora estamos en la fase de transición entre el miedo y las sobreexpectativas. Más o menos como con internet a finales de los noventa. Por una parte, determinados colectivos como ilustradores, escritores, traductores, entre otros, expresan su legítimo miedo a que esta tecnología les deje sin trabajo. Por otra parte, hay una sobreestimación de las capacidades de la tecnología y de su ámbito de aplicación y, sobre todo, lo que tenemos son miles de aplicaciones que utilizan IA. Hace 20 años, para navegar por internet, utilizábamos buscadores como AltaVista, Aliweb, Yahoo, Excite, Lycos y WebCrawler. Incluso teníamos algunos patrios como Olé, Ozu y Donde. Luego apareció uno que se hizo con la mayor parte del mercado. ¿Hace falta decir cuál es? Sí, ese el que estabas pensando. La aparición de un claro triunfador solo dejó espacio a alternativas muy especializadas dedicadas a un público muy concreto con unas necesidades muy concretas.

Ahora mismo tenemos una multiplicidad de aplicaciones basadas en IA con funcionalidades que en la mayoría de los casos son solapantes. En los próximos años veremos cómo muchas van a desaparecer, o acabarán absorbidas por otras con mayor éxito comercial (no necesariamente las mejores triunfan). Una vez que unas pocas se asienten en el mercado, aparecerán otras dispuestas a llenar los huevos que queden entre las grandes, ofreciendo servicios muy especializados.
¿Y cuál será su nicho? Debido a su versatilidad, las aplicaciones van a extenderse a muchos campos. Gracias a los algoritmos para predecir la estructura de la proteínas, el desarrollo de nuevos fármacos va a ser más rápido, así como la capacidad para filtrar información contenida en bases de datos de diferentes ámbitos y convertirla en aplicaciones útiles.
Muchos trabajos repetitivos o básicos van a ser aliviados. Va a haber profesiones afectadas, seguramente sí, pero como suele pasar con cualquier avance tecnológico, saldrán nuevas profesiones, y el impacto global en el empleo será mínimo. Como decía Lampedusa, va a cambiar todo, pero en el fondo todo seguirá igual, pero facilitándonos el trabajo.
J. M. Mulet
Artículo publicado en la revista El País Semanal el Domingo 06 de Septiembre del 2026.
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