#MeQueer historia de Jose Confuso#MeQueer: una historia más de acoso o discriminación (esta vez de Jose Confuso)

 

23.Sep.2018. Para leer. El pasado mes de Agosto, las redes sociales se llenaron de avisos con el hashtag #MeQueer para denunciar casos de acoso y discriminación entre el colectivo LGBT. Este exitoso movimiento que dio la vuelta al mundo, fue respondido en varios idiomas y estuvo inspirado en su antecesor, el #MeToo, luego de que se destaparan los casos de acoso en Hollywood.

 

Miles de tweets fueron capaces de arrancar palabras de cariño, de re-tweets, de lágrimas, de consideración, de comprensión y de apoyo. En su momento, participamos en ese movimiento también, vía tweeter. Y es que recordamos los inicios de Cityvega.com, hace ya casi nueve años, cuando preguntamos a miembros del colectivo LGBT sobre qué tipo de publicidad podíamos tener en nuestra revista web. Todos nos daban las mismas respuestas. Sólo nos hablaban de páginas porno, saunas y discotecas gays.

 

A nadie del colectivo se le ocurría que un banco podría publicitar en una revista de corte LGBT. Tampoco una empresa de teléfonos, de automóviles, una compañía de comida rápida, de bebidas alcohólicas y no alcohólicas, una gran firma de moda, etc. Nada. Como si gays, lesbianas, transexuales y bisexuales no contaran con teléfonos, no necesitaran de ropa, no consumieran alimentos ni bebidas, como si no necesitaran transporte ni de los servicios de un banco. Afortunadamente, existe Google Adsense. Y gracias a esta herramienta, pudimos ver en nuestra revista web a esas empresas, convirtiendo nuestro sueño en una realidad.

 

hombre hipster pensando en #MeQueerEn aquél entonces nos dimos cuenta de que la discriminación está allá afuera. Pero ha permeado entre nosotros pues vivimos con ella dentro. Deseamos un mundo sin discriminación ni acoso hacia el colectivo LGBT. Y del mismo modo, deseamos que algún un día no muy lejano, esa autodiscriminación salga de entre nosotros. Y se vaya para siempre.

 

Hoy, casi un mes después y en línea con dicho movimiento, nos permitimos recoger el texto de José Confuso, quien es colaborador de la revista Shangay y autor del blog elhombreconfuso.com:

 

La doble vida me carcomía por dentro. Mantener un secreto durante tanto tiempo –uno de tantos, también es cierto– y no encontrar el momento ni el valor para sacarlo a la luz. En la clandestinidad uno se acomoda, se siente protegido, aprende a disimular con precisión quirúrgica. Ni un tartamudeo, ni una ceja levantada, ni una risa nerviosa. Inventas historias, creas tramas y te esfuerzas en pasar desapercibido.

 

Llevas haciéndolo toda la vida para salvaguardar los dientes. Aunque, a veces, no lo consigas. Hasta que llega un día en el que todo se precipita. Me senté con mi madre en la mesa de la cocina, por insistencia suya más que mía, tras haberle dicho que había llegado el momento de independizarme. Tenía un sueldo, algunos ahorros y había pasado unos meses fuera. Era entonces o nunca. En muchos sentidos.

 

Temerosa, se dispuso a indagar sin imaginar lo que encontraría al final del camino. Tampoco yo pensé que ese iba a ser el momento. Por mucho que lo hubiese ensayado en mi cabeza. Por mucho que el corazón se me desbocase cada vez que había intentado recrearlo. Total, en la clandestinidad se está tan confortable… Me preguntó que qué me pasaba, que había cosas que no le contaba –como cualquier hijo a cualquier madre– y que ella estaba ahí para todo. Eso pensaba, claro. Espejismos de ilusión. Reuní valor tras una charla demasiado larga y lo solté. Sí, había conocido a alguien. Sí, era un chico. Y sí, supongo que ya lo habías adivinado. Me equivoqué. O eso me hicieron sentir. Llegaron las caras, los sobresaltos y el silencio.

 

hombre reflexivo pensando en #MeQueerCerré la puerta y me acosté en mi cama de adolescente. No sabía muy bien qué me iba a encontrar pero no sería fácil. Desde luego, no lo fue. “Coge tus cosas y vete de la ciudad. Haz tu vida. Allí serás más feliz”. Encadené charla tras charla. Bofetones verbales que me destrozaban por dentro. Me di cuenta de que era mucho más fuerte de lo que había creído. Yo, que lloro con cualquier cosa. Qué paradoja. No derramé ni una lágrima. Tampoco me lo podía permitir.

 

Busqué un piso, recogí mis libros, mis discos, la ropa y la llevé a la casa que, meses después, sería la mía, pero eso es otra historia. El silencio seguía flotando a mi alrededor. Nadie me dirigía la palabra y yo trataba de mantenerme sereno. Aparecí en la cocina una noche y anuncié que me marchaba. “He encontrado un piso, me iré esta semana”. No pareció importarles. “De acuerdo”. Supongo que ya nada era lo mismo.

 

Recogí la última bolsa y me despedí. Mi madre me dio unos trapos de cocina que todavía conservo. “Allí tendrás de todo”. Lástima que aquí no. Tardé mucho en recuperar cierta normalidad. Meses de ausencias, de llamadas desatendidas, de intentos perdidos. El tiempo y mis esfuerzos lograron romper alguna coraza. Lo hice por mí, aun sabiendo que nadie lo merecía. Nunca más volvimos a hablar de aquello. Seguí mintiendo, ocultando, sufriendo por si alguna vez me pasa algo y debo elegir entre ellos o yo. Temiendo por un futuro que se me antoja difícil.

 

Siento que nunca seré una persona completa, que mi vida nunca llegará a ser como la de los demás, que nunca seré verdaderamente feliz. No me importa decirlo por muy duro que suene. A sufrir uno también se acostumbra. Esta es mi historia, pero puede ser la de cualquiera. Yo, al menos, estoy aquí para contarlo. Muchos no pudieron soportarlo. Se lo debemos a ellos. También nos lo debemos a nosotros. Aunque, en realidad, sea demasiado tarde”.

 

Jose Confuso

Artículo publicado en el sitio web www.shangay.com

Para ver el material original puedes hacer click aquí.

 

Como muy bien lo ha expresado la revista Shangay, "Porque el silencio no ayuda, pero la sinceridad y la visibilidad sí". Se podría agregar que intentar ser fiel a uno mismo es una de las cosas más difíciles que hay en el mundo... Pero vale la pena intentarlo.

 

Magdiel J. Sevilla

@magdieljsevilla

 

 

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