hombre amarradoConfesiones de Medianoche: `Una experiencia bizarra´

 

12.Feb.2015. Anécdotas. Desde hace un tiempo para acá me he relajado un poco, he conocido nuevas personas, he visitado lugares maravillosos y he tenido nuevas aventuras.

 

El año pasado tuve la oportunidad de visitar algunos países árabes pero no tuve nada con nadie allá. Se trata de una cultura fascinante pero muy diferente, y me aterra las consecuencias de ser encontrado en la cama con alguien de mi mismo sexo en un lugar cuyas costumbres desconozco.

 

A comienzos de este año, ya en Venezuela, conocí por chat a alguien que atrapó mi atención por tener rasgos árabes. Vivía en Puerto La Cruz, Edo. Anzoátegui-Venezuela (ahorita está de regreso en Oriente medio). Pensé en "desquitarme".

 

El tipo era bastante alto, de barba profusa, contextura gruesa, velludo, maduro, de piel blanca que hacía contraste con sus redondos ojos negros y ojeras características de algunos árabes. Su nombre era Youssef.

 

Chateamos por varias semanas y un día decidimos conocernos. Nos conocimos un día sábado en un café en Puerto La Cruz donde conversamos sobre quién ganaría el mundial de futbol, de la situación del país y de algunos temas banales que ya no recuerdo.

 

Pensé que no pasaría nada, que seríamos buenos amigos. Pero de pronto, Youssef, me preguntó si alguna vez me habían amarrado.

 

Me asusté mucho.

 

hombre sexySin embargo, sentí cómo la adrenalina comenzaba a fluir por cada centímetro de mi cuerpo. Era algo que no conocía y mi lengua reaccionó mucho más rápido de lo que pude darme cuenta.

 

  •  No, nunca –contesté- pero es algo que siempre he querido experimentar.

 

Luego de haberlo dicho, me sorprendí. Nunca había pensado en "querer" experimentar aquello. Supongo que había dicho eso porque el tipo era extraordinariamente atractivo. De solo imaginarme a solas con él, sentía cómo se despertaba mi sexo.

 

  • ¿Quieres subir a mi casa?  - me dijo.

 

  • Claro, vale –le dije. Mientras la adrenalina comenzaba a salirme por los poros. 

 

Su apartamento quedaba justo en frente del café donde nos habíamos reunido. Al entrar, inmediatamente me di cuenta que se trataba de un hombre con costumbres diferentes a las nuestras. Habían pocos muebles, nada de adornos y suficiente espacio como para que varias personas vivieran cómodas allí. Los colores de las paredes eran sombríos, sin embargo, no había desorden y el sitio estaba impecable.

 

Youssef me pidió que me quitara la ropa y luego me explicó que no usaría cuerdas (lo que me quitó un peso de encima). Youssef quería envolver mi cuerpo en un plástico. Accedí en que lo hiciera.

 

Youssef se quitó su franela y finalmente pude ver sus tremendos brazos y pecho velludos. Luego buscó una especie de papel transparente en el closet de su cuarto y comenzó a envolverme.

 

hombre atractivo que se arrepiente de algunas cosasComenzó por mis pies y fue subiendo poco a poco hasta llegar a mi cuello. Quedé completamente inmóvil, como si fuera una especie de gusano de seda cuando se encuentra en su capullo.

 

Me encontraba aturdido. No sabía qué era aquello. Youssef me observó por un tiempo que quizás fue breve pero que me pareció eterno. De pronto me llevó a sus hombros, sorprendiéndome con su fuerza. Me llevó de la sala a su cuarto, luego de nuevo a la sala. No hablábamos, no hubo besos ni caricias. Youssef tuvo un orgasmo, casi sin tocarse.

 

No se cuánto tiempo transcurrió. Me sentía como en una especie de sueño. Me pareció una eternidad cuando llegó el segundo orgasmo de Youssef. No entendía cómo alguien podía llegar a un orgasmo sin besos ni caricias. Quería que me soltara pero no quería decírselo. No sabía su reacción. Sentí pánico.

 

Sin embargo, Youssef parecía un buen tipo. Hasta ese entonces no me había tratado mal. Todo lo contrario, había sido muy gentil.


Comencé a sofocarme y creo que Youssef se dio cuenta ya que comenzó a retirar ese plástico que me envolvía sin yo haberlo pedido.

 

Al terminar de quitarme aquello, no sabía qué hacer, así que decidí vestirme. Es ese típico momento incómodo en que se acaba la acción y no sabes si conversar un rato, o salir corriendo luego de haber tenido algo.

 

Youssef fue a la cocina y me trajo agua.

 

Por varios minutos (otra eternidad) estuvimos sentados en la sala sin decir nada. Sin mirarme a los ojos, con la mirada perdida en el horizonte y puesta en la vista de la terraza del apartamento.

 

  • Me gustaría que prometieras algo - Me dijo.

 

  • ¿Qué cosa? - Le contesté.

 

  • Que nunca más harás lo que hiciste en mi casa hoy – me respondió.

 

Intenté decir algo, pero realmente quedé mudo.

 

  • Dentro de ese plástico eres completamente vulnerable e indefenso. Tu no sabes con quién puedes encontrarte – continuó diciéndome- … Y hay mucha gente mala allá afuera…

 

De pronto muchas cosas de lo que pudo haber pasado desfilaron por mi cabeza. Por supuesto, le prometí que no lo volvería hacer.

Nos despedimos y me fui a mi casa.

 

Recuerdo que al llegar me desvestí y me metí en mi cama. Estaba temblando. Casi aterrado por la experiencia de lo que pudo haber pasado. Tardé casi dos días en recuperarme de lo sucedido.

 

El Aventurero

 


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