mi amigo heterosexualConfesiones de Medianoche: "Mi amiguito Hetero"

 

17.Dic.2017. Anécdotas. Me llamo José Angel, y tengo un amigo Heterosexual. Es DJ, y es uno de esos tipos que ha tenido las novias más buenas de Caracas.

 

Mi amigo tiene un cuerpazo que Dios se lo cuide. El es una de esas personas que le rinde culto al cuerpo: dietas, gimnasios, cremas, bronceados, etc.

 

Conozco a mi amigo desde hace varios años. Lo conocí por unas compañeras de trabajo. Nos hicimos amigos y hasta se ha quedado en mi casa cuando se ha peleado con alguna de sus noviecitas.

 

Yo soy un tipo serio, profesional, nada afeminado. Mi amigo siempre ha sabido que soy gay. Yo mismo se lo dije hace años ya.

 

Él sabe que está buenísimo y por eso, en nuestro trato siempre hay flirteo. De hecho, cuando le escribo mensajitos, siempre lo llamo "papi", "mi rey", etc. A él no le molesta. De hecho, el me sigue la corriente y me responde de la misma manera.

 

Una vez tenía dolores en la espalda y por supuesto, como buen samaritano que soy, ofrecí darle un masaje. Mi amigo accedió.

Vino a mi casa y le di su masaje en la espalda. Debió de gustarle mucho, porque a la semana de haberle dado ese masaje, me pidió otro. Y la cuestión se hizo regular.

 

En una oportunidad le pedí que se quitara todo. Y así lo hizo. Mi amigo estaba completamente desnudo. Solo se tapaba sus partes con una almohada.

dj hombre atractivoDe allí en adelante, mi amigo se quitaba todo. Yo disfrutaba mucho darle un masaje. La espalda, cuello, pecho, piernas, glúteos, todo. El masaje se había convertido en un ritual para él y para mi: velas, incienso, aceites, etc.

 

En una oportunidad, le dije que le daría un masaje especial. Le di los mismos masajes de siempre, yo en ropa interior y mi amigo, como siempre, completamente desnudo, pero tapando sus partes con la almohada.

 

Recuerdo que mientras masajeaba sus hombros, comencé a besar su cuerpo. Mi amigo permaneció como si nada. Como si fuera completamente normal. Dejó que yo continuara sin pronunciar una sola palabra. También usé mi cuerpo como instrumento para darle el masaje mientras mi amigo estuvo de espaldas. Y mientras estuvo boca arriba, mi amigo continuó tapándose sus partes con su almohada. Lo besé todo, con excepción en la zona tapada por aquella impertinente almohada. No me atreví a quitársela. No quise arruinar el momento.

 

El mismo ritual se repitió al menos una vez al mes por varios meses. Nunca pasó nada más allá de los singulares masajes y los besos. Nunca fui capaz de quitarle aquella almohada.

 

Hace tiempo que no se de mi amigo. Debe estar dedicado 100% a una de sus noviecitas. Pero extraño esas sesiones en que le daba masajes a mi amigo Heterosexual. Quizás si un día se vuelve a repetir, me anime a quitarle la almohada... y veremos qué pasa...

 

José Angel

 


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