los tres polvos en la habitacion de sergioConfesiones de Medianoche: `Los tres polvos en la habitación de Sergio´

 

21.May.2020. Anécdotas. En las películas y en las series de televisión, nos muestran a hombres que pueden estar teniendo intimidad toda la noche con otra persona. Siempre he pensado que esos hombres sólo viven en la ficción.

 

¿Existen hombres que puedan recuperarse en cinco, diez, veinte minutos después de un momento de pasión? No creo que existan estos super hombres. Tampoco mujeres que resistan estar toda la noche aguantando el traca-traca (aunque puede que conozca a algunos hombres pasivos que sí podrían con semejante trajín).

 

Grindr ExtraEn mi humilde experiencia, han habido varios hombres (no muchos) con los que he llegado a dos rounds: uno por la noche y otro por la mañanaPero recuerdo a uno con el que llegué a tres rounds. Tres polvos... ¡Qué recuerdos!

 

Conocí a Sergio en uno de mis viajes de fin de semana. No fue por Scruff, aplicación que me resisto a bajar a mi teléfono. Siempre he sido monógamo y eso lo aplico hasta con las aplicaciones. Fue con Grindr.

 

Vamos a ver, antes de que alguien me apuñale con dudas, confieso que he llegado a tener hasta tres aplicaciones para conocer hombres en mi teléfono. Culpable. Pero de esos tiempos ya ha pasado mucho. Ya no más. Me cansé de ver los mismos rostros y perfiles en las tres aplicaciones. Me harté de esos perfilitos que osaban escribir un texto diferente en cada una de ellas: en uno buscan amistad, en otro sexo sin compromiso, en otro relación. Que a mí no me engañan.

 

Por otro lado, me obstiné de ser ignorado por alguien en las tres aplicaciones. Por otro lado, morí cuando me escribía una misma persona con la que no quedaría nunca en las tres aplicaciones. 

 

hombre heterocuriosoVolviendo a Sergio, hicimos lo de siempre. Nos saludamos por Grindr. Nos preguntamos qué buscábamos. Intercambiamos unas fotos y quedamos. Aunque yo me quedaba en un hotel, fue Sergio quien insistió a que fuera a su casa.

 

A las 21:00 horas llegué a su casa y cuando me abrió la puerta, enseguida me encendí. Me gustaba lo que veía. Se veía mucho mejor en persona. Siempre he tenido debilidad de los hombres grandes y corpulentos. Ya quería ser rodeado por esos brazos y sentir el peso de su cuerpo sobre el mío, hasta sentir que no tengo escapatoria, sino rendirme ante él.

 

Pero no sentí el mismo feedback de Sergio. Sergio me saludó en la puerta, me invitó a pasar y a sentarme en el sofá, cosa que hice enseguida. Comenzamos a hablar pero él seguía viendo más la televisión que a mí. Le hacía preguntas para hacer conversación y él me contestaba pero continuaba viendo la televisión.

 

Comencé a sentirme incómodo. Me sentí rechazado. No podía competir con la televisión, objeto que era el centro de atención de Sergio. Fueron poco más de veinte minutos los que me hicieron darme cuenta de que no pasaría nada. Tenía ganas de irme de allí. Me armé de valor y le pregunté a Sergio si quería que me marchara. Le dije:

 

"¿Quieres que me marche? Yo no tengo ningún problema en irme. No pasa nada",

 

Pero Sergio me respondió:

 

"Yo quisiera que te quedaras. Pero si te quieres ir, tampoco pasa nada".

 

dos hombres en la camaOtra vez me encendí y en su mirada entendí que él quería que yo tomara la iniciativa y decidí hacerlo pero con precaución. No quería dar un paso en falso. Le respondí:

 

"Me quiero quedar. Desde que abriste la puerta quiero darte un beso".

 

Luego de mi comentario, Sergio me había mostrado una sonrisa tímida. Incluso inocente. Tenía que vencer a mi enemiga: la tele. Neutralizarla del todo. Ahora Sergio compartía su atención entre el televisión y mis ojos. Estaba venciéndole a la televisión. ¿Mi objetivo? La atención total de Sergio. Y para hacerlo añadí:

 

"Pensaba que querías que me fuera y que te dejara ver tu programa de televisión".

 

Sergio giró su rostro y me respondió:

 

"Realmente no me interesa la televisión"

 

Había ganado. Le había ganado a ese "cajón del diablo". Y lo supe enseguida, cuando Sergio tomó el mando de la tele y apagó la televisión. Saboreando la victoria y salivando ya por lo que sucedería después, le pregunté:

 

"¿Qué te interesa ahora?"

 

charlesthomasrogers couple2Sergio se sonrojó y volvió a sonreír tímidamente. Y supe que Sergio no tenía experiencia en encuentros por Grindr. Debí sospecharlo desde el primer contacto por Grindr. Sergio no tenía foto de perfil y no suelo responder a perfiles sin foto pero de vez en cuando hago excepciones. Es una forma de retar las posibilidades, el destino, qué se yo. Y me alegro haberlo hecho porque me gustaba lo que tenía frente a mis ojos y mucho más cuando me respondió:

 

"Me interesas tú"

 

Me levanté del sofá, me quité la camisa y la mirada de Sergio cambió. Se tornó en una mirada hambrienta, sedienta de calor humano, de besos, de abrazos, de éxtasis. Y eso fue lo que pasó después en la habitación de Sergio, una vez que me extendió la mano para que lo siguiera a la habitación.

 

El primer round fue inmediatamente después de nuestra conversación. Y vaya round. Después de una bien merecida revolcada de placer, quedamos extenuados y ligeramente dormidos. Casi a medianoche, me levanté de la cama, sorprendido de la hora y comentándole que ya debía irme.

 

Sergio me respondió:

 

"Puedes quedarte a dormir... si quieres

 

pareja felizMe quedé observándole. Me gustaba lo que veía. Veía a un Sergio desnudo, semi velludo y semi arropado, invitándome a quedarme en su cama, junto a él. Con sus palabras y a través de la delgada sábana que lo cubría, podía observar que realmente quería que me quedara. Eso me volvía a encender. Era una forma de decirme: "me has gustado y quiero más de ti".

 

Son pocos los hombres que suelen hacer este tipo de invitaciones. Yo las he hecho también en mi casa dado que vivo solo. Y lo he hecho con hombres con los que he pasado un rato especial, que me han gustado y de los que quiero más, aunque sea para que compartan conmigo el desayuno, que con gusto puedo preparar. 

 

"Me quedo Sergio". Y volví a la cama, comenzando el segundo round. Sabía que pasaría. La sábana con que nos arropábamos, ya en verano, era lo suficientemente delgada para darme cuenta de que Sergio se había recuperado. Y volví a sentir su peso sobre mí. Y volví a ser suyo una vez más.

 

Me despertó la luz de la habitación. Las siete de la mañana del domingo. No suelo despertarme tan temprano un día domingo, pero no estoy en mi cama y aparte, debo regresar al hotel para hacer el check out. Pero descubro que Sergio y yo estamos haciendo "la cucharita". Me encanta ese gesto porque me da la sensación de pertenecerle a alguien. Así se trate de alguien que he conocido la noche anterior.

 

Pasa por mi mente la idea de que tal vez sea hora de buscar pareja. Intento moverme para levantarme pero noto que algo debajo de la cintura de Sergio se ha despertado primero que él. Es una de esas reacciones matutinas que todos los hombres solemos tener por la mañana que me sorprende, especialmente después de los dos rounds anteriores.

 

gay loveDecido quedarme un rato más. Disfrutando el momento pero pasados unos minutos, Sergio besa mi cuello y allí sospecho que él quiere un tercer round. Yo decido seguir su juego y disfrutarlo una vez más. Con ello, rompo una marca y Sergio casi se convierte en un super hombre para mí.

 

De eso ya ha pasado casi un año. Sergio y yo nos escribimos de vez en cuando. Vivimos en ciudades diferentes, separadas por unos cuatrocientos kilómetros aproximadamente.

 

Hace poco he invitado a Sergio a visitarme pronto. Supongo que quiero que se repitan esos tres polvos. Con suerte, rompamos nuestra marca. Especialmente porque esta vez no será en la habitación de Sergio sino en mi habitación.

 

El ansioso 

 


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