torso hombre sadomasoquistaConfesiones de Medianoche: `No soy una perra en la cama´

 

18.Nov.2019. Anécdotas.Supe que algo andaba mal cuando ya estaba en mi camaTuve una sospecha cuando entró a mi sala. Era notorio que se trataba de un hombre frío, carente de emociones. Pero era atractivo. Rubio, masculino y velludo. Una combinación ganadora. Así que mis hormonas nublaron mi pensamiento.

 

Pero ya en mi cama, mis hormonas comenzaron a protestar. El hombre atractivo, muy masculino, velludo y rubio y ... debo agregar... también dotado...  que tenía frente a mi sólo quería satisfacerse. Sólo buscaba su propio placer. Yo no contaba para nada.

 

En los primeros minutos me di banquete. No hubo un rincón de su cuerpo que no besara, lamiera, acariciara o hiciera mío. Lo quería explorar todo. Ese hombre que estaba ya a comienzos de su madurez estaba muy bien. Sus ojos claros eran embriagantes. Pero por más atractivo que sea el hombre con el que estás "echando un polvo", siempre llega el momento en que le toca a uno disfrutar, ya sea para ser besado, acariciado, explorado.  

 

Pero supe que él sólo quería buscar su propio placer cuando luego de recorrer todo su cuerpo con mi lengua y mi cuerpo en un largo preámbulo, me expresó que "quería penetrarme". Mis hormonas ya estaban protestando: "¿ya?; ¿qué pasa con nuestro turno?; este hombre es un 'mala cama'; que se vaya este tipo!!!". Pero no hice caso a mis hormonas ni a mi cuerpo, que pedía a gritos ser besado y tocado para poder disfrutar mucho más de esa siguiente fase. El sexo es mucho más que una penetración. Nunca he entendido a esos hombres que se conforman con ser penetrados y ya.

 

torso hombre sadomasoquistaPero accedí. Fui yo quien buscó los preservativos y el lubricante. Fui yo quien abrió el envoltorio y se lo di para que me hiciera suyo. No se cómo no hice caso a mis hormonas y a las anteriores alertas. Supongo que había algo en la personalidad de este tipo que me envolvía, que me hacía ceder a sus caprichos.

 

Pero luego vino lo peor. Cuando dentro de mi me pidió que dijera cosas como: "soy tu perra; cómeme toda mi 'vagina'; hazme tuya; soy tu p_tita". No hay nada peor que un hombre que quiera que me comporte como una mujerSi quiera una mujer ¿por qué busca hombres? ¿Porque es más fácil tener sexo con hombres? ¿Porque así no tiene qué contratar a una prostituta?

Mis hormonas se declararon en huelga. Y sus esfuerzos rindieron frutos. Inmediatamente enviaron una señal a mi cerebro para negarme ante aquellas solicitudes. Y así lo hice. Es más, se hicieron tan fuertes que hice todo lo contrario. Comencé a decirles cosas como: "Estás con un macho; estás con un macho de verdad; mira que bien te ves teniendo sexo con un hombre de verdad; no soy una mujer, ve bien, soy un hombre; no me pidas que actúe como mujer, soy un hombre, no me ves???". Disfruté su cara de desconcierto.

 

Pero debo reconocer que intentó salirse con la suya, pues me respondió "¿Eres un hombre?, nahhh... no lo eres porque te estoy penetrando". Pero tampoco me quedé atrás. Le respondí "hay que ser un verdadero hombre para hacer esto contigo, para aceptar mi sexualidad ante mi, ante ti, ante mi familia, ante la sociedad y ante el mundo". Allí descubrí que quería que se terminara ese absurdo encuentro. Que el sexo que estaba teniendo estaba siendo horrible. Mis hormonas habían tenido la razón desde el principio. 

 

De pronto sonó el teléfono de él, el cual se encontraba en la sala, junto con su ropa, lo que hizo apartarse de mi (para mi fortuna). Para mi sorpresa, me pidió que fuera a la sala a buscar su teléfono. Como no me moví, "me ordenó" que fuera a buscar su teléfono. Mis hormonas estaban furiosas. ¿Quién se había creído este tipo? Le contesté: "Ve a buscarlo tu". Se me quedó mirando fijamente, de manera desafiante. Pero no esquivé su mirada. Le repetí: "si quieres contestar la llamada búscalo tu".

 

torso hombre sadomasoquistaLuego de un par de minutos que me parecieron eternos, fue a buscar su teléfono y devolvió la llamada perdida luego de bajar le música al equipo de sonido. Escuché la conversación. Era con su hija. Me hizo pensar que tal era casado, con familia. Yo era un escape para él. Nunca le pregunté su estado civil.

 

Cuando regresó a la habitación le recordé que no había restaurado el volumen de la música. Esta vez me "ordenó" que fuera a subirle yo el volumen. Mis hormonas le odiaban. Y creo que yo también. Le dije: "Tu le bajaste el volumen al equipo de sonido para hacer la llamada, tu se lo vuelves a subir". El tipo se me quedé mirando fijamente, con sus ojos azules penetrantes, de manera desafiante otra vez. Otro minuto eterno. No bajé mi mirada. Esta vez sentí algo de miedo porque no sabía cómo iba a reaccionar. Pero cedió. Mi amigo rubio, velludo, masculino, dotado y atlético se levantó de mi cama y dijo: "Esto es nuevo para mi, estoy tan acostumbrado a 'hombres sumisos'... pero lo estoy disfrutando".

 

Cuando regresó a la habitación le pedí que acabáramos. Lo hicimos juntos. Quería que se fuera. Ya entendía todo. Me había topado con un sado, es decir, un hombre que tiene placer dominando a otros. Descubrí que no me gusta ese rollo, es decir, no soy un hombre que siente placer al ser sumiso.

 

Curiosamente, al irse, este hombre me dijo que quería volver a verme. Que buscaba un "fijo" y que yo le había parecido interesante. Yo quería que se fuera rápido de mi casa. No sólo la experiencia había sido terrible, sino que acceder había sido darle el poder. Lo que quería era decirle que no quería volver a verlo, pero me lo quedé. Haberlo dicho me habría convertido en una persona cruel. Me habría convertido en un sado. No quería convertirme en él. Mis hormonas estaban de acuerdo, deseosas de que en una próxima oportunidad me fuera mejor.

 

Luego, solo en casa, sentí pena por todos esos hombres que se dejan humillar por este tipo de personas por un poco de placer o compañía. Sentí pena por todos esos jóvenes que por desconocimiento o inocencia, caen en las garras de estos sados, controladores y manipuladores, personas que pueden ser destructivas.

 

Allí, en mi sofá, junto con mis hormonas ya calmadas, recordé esa canción de reggaeton en la que una chica dice "ser una perra en la cama". Si eso significa ser sumiso, aceptar órdenes, ser humillado o golpeado, me alegra saber que no soy una perra en la cama

 

Archie 


¿Quieres compartir con nosotros tus anécdotas, vivencias, experiencias, o cualquier cosa que se te ocurra? Con nosotros puedes hacerlo enviándola a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.. Con gusto publicaremos tu boceto, tu idea o tu texto en nuestra sección Confesiones de Medianoche. Anímate!! 

 

Recomendamos ver también:

 


¿Quieres compartir un comentario, observación o duda sobre este artículo o cualquier otro? Escríbenos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

Mantente informado sobre cada una de nuestras publicaciones agregándonos a tu FACEBOOK y/o a tu TWITTER.


Pin It