torso de hombre chavistaConfesiones de Medianoche: `Quiero un novio que NO sea chavista´ 

 

26.Feb.2013. Anécdotas.  Es común encontrar los gustos (o disgustos) personales en los perfiles para conocer a otros hombres, se trate de www.manhunt.com, www.gaydar.uk, www.dudesnude.com, www.gay.com, etc. 

 

Debo confesar que hasta hace poco me desagradaban esos perfiles discriminatorios: “Que no sea negro"; "Que no sea bajito"; "Que no sea viejo"; "Que no sea gordo", etc. Me parecía una ridiculez.

 

Aunque se que entre gustos y colores no existen los autores, hay gente maravillosa con cualidades que podrían robarnos el corazón  y que vale la pena conocer, a pesar de que tengan una apariencia física diferente a la que esperamos. Y cuando vi por primera vez en un perfil que decía que quería conocer a alguien “que no fuera chavista”, me pareció mucho más estúpido. Ahora no estoy tan seguro.

 

Conocí a Carlos Aguerrevere en un aeropuerto a comienzos del año pasado. Lo conocí en el Aeropuerto de Maiquetía, en Venezuela, mientras esperaba para viajar a la ciudad de Barquisimeto (Edo. Lara), por trabajo. Carlos tenía horas esperando. Su vuelo estaba muy retrasado y su destino era la ciudad de Maracaibo (Edo. Zulia). Recuerdo que Carlos estaba de muy mal humor ya que al día siguiente, bien temprano, comenzaba una convención médica, motivo de su viaje. Ya pasaban las 07 de la noche.

 

torso de hombreLos asientos próximos a la puerta hacia Barquisimeto estaban llenos, a diferencia de los de Maracaibo. Así que decidí esperar allí con ese otro grupo y a dos asientos de Carlos.

 

Al poco tiempo noté lo atractivo que era "mi doctor". Un tipo moreno, de 30 años de edad, musculoso, serio, varonil, de 1.80 m de estatura, cabello corto, atractivo. Lo miré de arriba hacia abajo sin que notara mi mirada. Hasta lo imaginé desnudo (cosa que siempre hago con los que me gustan). Pero mi “gaydómetro” nunca sospechó de Carlos.

 

En un momento, en la espera, Carlos, ya obstinado por la larga espera, tiró su periódico al suelo. Luego pidió disculpas a los presentes a su alrededor. Era mi momento de iniciar una conversación.

 

      -“¿Cuánto tiempo tienes esperando por tu vuelo?”.

 

      - "Seis horas". Me contestó.

 

Seguimos conversando y hablamos de todo. Mi “gaydómetro” comenzó a reaccionar cuando me di cuenta que hablábamos como si fuéramos grandes amigos y nos hacíamos preguntas personales. Comencé a “tirarle puntas” para ver su reacción. No había duda. Carlos era tan gay como yo. Tipo machito. De los que me gustan.

 

torso hombreCompartimos nuestros números de teléfono y mantuvimos contacto por varias semanas. Lo bueno, es que ninguno de los dos vivía en las ciudades a las que íbamos. El vive en la Isla de Margarita (Edo. Nueva Esparta, Venezuela). Yo en Puerto La Cruz (Edo. Anzoátegui). 

 

No vivíamos muy lejos el uno del otro, así que era fácil compartir algunos fines de semana juntos, cosa que hicimos semanas después.

 

En poco tiempo invité a Carlos a quedarse a pasar en mi casa un fin de semana. Luego fueron dos, luego tres y finalmente perdí la cuenta. Eramos afines. En el sexo éramos el uno para el otro. Jamás olvidaré las diferentes posiciones y acrobacias que realizamos juntos. Carlos se cansó de hacer conmigo lo que le daba la gana, levántandome como si yo no pesara nada. Extraño sus tremendos brazos, pecho y piernas. Extraño su musculoso cuerpo.

 

Incluso podíamos hablar de política. Ambos éramos de oposición ya que no nos sentíamos representados por las políticas del actual presidente venezolano Hugo Chávez, quien se ha cansado de insultar a la gente que no está de acuerdo con él o que piensa diferente.

 

Unos meses después, Carlos tenía poco tiempo trabajando en una institución médica del gobierno venezolano y poco a poco vi la transformación. De pronto ya no iba a votar en las primarias. Porque “si votaba, sus compañeros de trabajo sabrían que su opción política no era la del partido de gobierno”. “Pero mi voto en las presidenciales será para Capriles". "Allí me vengaré de Chávez y de la discriminación política que existe hacia los empleados públicos”, me dijo.

 

Luego llegaron las elecciones presidenciales. Mi asombro no fue normal cuando Carlos me dijo por teléfono que no había ido a votar. No votó porque sentía que si votaba por Capriles lo votarían de su trabajo. Me sorprendió su reacción, sabiendo que lo habían obligado a marchar en reiteradas ocasiones. Allí tuvimos nuestra primera discusión. No podía creer que Carlos había dejado de votar luego de tantos malestares.

 

torso hombreDías después nos contentamos y cuadré visitarlo el siguiente fin de semana. Cuando llegué a su casa supuse que el viaje no resultaría como yo lo esperaba. El vive en un confortable apartamento en una buena zona pero el desastre y el mal estado en el que se encontraba llamó plenamente mi atención. Estaba tolalmente descuidado: la cocina, el baño, los muebles de la sala. Se podía intuir que se había dejado el apartamento al abandono.

 

La cosa empeoró cuando lo acompañé a su trabajo y escuché un comentario de algunas de sus “amigas” que sin querer hablaban de cómo odiaban a Carlos en la institución  porque había llegado a tener un alto cargo por “ser del proceso” y no por contar con los méritos para ello.

 

Al día siguiente, luego del correspondiente sexo mañanero, decidí limpiar un poco la cocina y preparar algo de desayuno. Entré en shock cuando conversando sobre su trabajo mientras comíamos me comentó que en su oficina había puesto una foto de Chávez. Me dijo que la había puesto unos meses atrás cuando algunos compañeros lo habían acusado de ser opositor. Carlos sentía que su trabajo estaba amenazado y que para que sus colaboradores lo respetaran necesitaba colocar una foto de Chávez en su oficina.

 

Me descompuse. Me dieron ganas de devolver el desayuno cuando discutíamos acaloradamente, especialmente cuando me decía, casi gritándome: “Con Chávez estamos mejor”.

 

Me quedé frío.

 

torso hombreNo podía entender cómo alguien que hace unos meses enumeraba los principales problemas de los venezolanos podía decir eso. No podía creer que alguien que era opositor, y que por serlo, era continuamente vejado por el presidente, podía elevar su voz para proferir aquellas palabras. No podía procesar cómo alguien que había sufrido discriminación/persecución política podía expresar semejante cosa…

 

...Luego entendí, “Con Chávez los venezolanos NO estamos mejor”. “Con Chávez CARLOS ESTÁ MEJOR”. Entendí que el cargo, los viajes, un mejor sueldo y hasta su apartamento lo había logrado alquilar vendiendo su conciencia. El estaba mejor con Chávez, pero no necesariamente todos los venezolanos (y mucho menos los opositores, es decir, casi la mitad del país).

 

Me di media vuelta. Comencé a empacar mis cosas y me fui de aquel apartamento. Con tristeza y dolor pensaba en cuántos empleados públicos dejaron de votar como Carlos. Cuántos venezolanos estarán “simulando” o “vendiendo sus conciencias” para conseguir sus propios beneficios y sacarle provecho a “la revolución” o “socialismo del siglo XXI”.

 

Mi mejor amigo me dice que cambiaré de opinión cuando un atractivo chavista o empleado del gobierno estacione “su camionetota” frente a mi edificio con intenciones de invitarme a un largo viaje por Europa. No creo que cambie de opinión. Yo estoy claro. Son cuatro meses que no se de Carlos y tres meses en que en mi perfil del www.manhunt.com solo pido una cosa:

 

Quiero un novio que no sea chavista”.

Fernando Nieves


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