eliad cohenConfesiones de Medianoche: `Mi encuentro con un judío´ 

 

24.Mar.2017. Anécdotas.  Me llamo Julio Cesar Dominguez. Soy procedente de los llanos guariqueños, Edo. Guárico, Venezuela. Y recientemente tuve que hacer un viaje de negocios a Caracas. Me quedé en el Hotel Tamanaco.

 

Por razones ajenas a mi voluntad, tengo que quedarme unos meses en la ciudad de Caracas. Pero ese domingo, me encontraba aburrido, sin nada interesante qué hacer así que me metí en www.manhunt.net para ver si conocía a alguien. Por lo menos para conversar o para algo más, ¿quién sabe?

 

Apenas entré, mi perfil recibió una cantidad de mensajes y propuestas. Descarté los perfiles sin foto (¿por qué hacen eso?), descarté los perfiles muy jóvenes, descarté las personas que vivían muy lejos del hotel y quedó un solo perfil. Un tipo de unos 45 años que se veía muy bien.

 

Comenzamos a conversar por mensajes.

Su nombre era Moisés. Apenas supe su nombre, le pregunté por mera formalidad si era judío. Me respondió que sí. Me sorprendió ya que no me lo esperaba y mi morbo se fue a su máxima expresión. Soy una de esas personas a las que le encanta el contacto con otras culturas. Y esa cultura siempre ha llamado mi atención.

 

Quizás por las historias bíblicas. Quizás porque son contados con los dedos de la mano los hombres circuncisos que he conocido (y me sobran dedos).

 

hombre gay con kipaEl encuentro

Cuando le dije dónde estaba yo, casi no lo pude creer. Moisés vivía en un edificio casi al frente del hotel y aprovechando la cercanía, me invitó a desayunar en su casa, invitación que no desprecié para evitar la comida del hotel. Me bañé, sali caminando, crucé la avenida y llegué al edificio de Moisés tal y como me había indicado.

 

Justo cuando me iba a anunciar con el vigilante, llegó Moisés. Un hombre blanco, bastante alto, atlético, velludo, maduro, interesante, no muy atractivo  pero con una sonrisa espectacular que le alumbra la cara. No se veía tan bien como en las fotos, pero me saludó con tanta efusividad que me cautivó enseguida.  Subimos a su apartamento y pensé que desayunaríamos, pero no me hizo pasar al comedor. Me llevó directo a su habitación. 

 

Casi sin pronunciar nada, comenzamos a besarnos apasionada y acaloradamente (vaya forma de matar el aburrimiento!!). Nos desvestimos y recorrió con sus labios y sus besos cada parte de mi cuerpo. Yo hice lo mismo.

 

Cuando se quitó la ropa interior, no pude creer lo que veía. Lo que vi allí jamás lo olvidaré. Estaba en presencia de uno de los miembros más bellos que he visto en mi vida: circunciso pero sin ningún tipo de cicatriz, de glande bastante grande, blanquito con un leve toque rosado, ni muy grande ni muy pequeño (tamaño perfecto) y grueso. Era tan perfecto que calificaría sin problemas para cualquier película porno... si jamás lo olvidaré...

 

Siempre he pensado que el mejor rol es ser versátil. Se disfruta de los dos mundos. Moisés también lo era pero el tomó la iniciativa. El se desempeñó como activo lo cual disfruté mucho porque era mucho más alto que yo. Hacer lo contrario me habría puesto en problemas para maniobrar. Moisés me hizo suyo. Fue muy rico.

 

hombre homosexual con kipaEl después

Terminamos exhaustos, abrazados en la cama que había sido testigo de un encuentro apasionado. Moisés me llevó a la regadera y comenzó otro ritual que jamás olvidaré.

 

Moisés es apasionado a las cremas, lociones, exfoliantes, etc., y nos dimos un tratamiento con un montón de ellas, el a mi y yo a él. Ahora el cabello y la piel fueron los protagonistas. No puedo describir lo rico que olían cada uno de esos recipientes y envolturas. No reconocí nada. Supongo que todo era importado. Me sentía en el Jardín del Edén. El era Adán y yo era Esteban.

 

Cuando salimos del baño, Moisés me dijo que un amigo estaba preparando el desayuno. Yo no entendí.

 

  • "¿Un amigo?", le dije.

 

  •  "Si, yo comparto este apartamento con un amigo", me respondió. 

 

La cosa no me cuadraba. Y supongo que el vio mi cara de extrañeza y agregó:

 

  • "Bueno, no es un amigo. Es mi pareja".

 

Sentí como si unas manos invisibles me subieran a lo alto de una montaña y luego, me arrojaran contra el suelo con violencia. Sentí como me partía en mil pedazos.

 

  • "Pero no te preocupes, somos una pareja abierta. El sabe que tu estás aquí".

hombre con kipa

 

Si el me hubiera dicho que tenía pareja, jamás habría ido a su casa. Se lo dije. Moisés me dijo que lo entendía. Abrió la puerta de la habitación y pude ver a su pareja. Un hombre musculoso, de baja estatura, maduro, velludo, atractivo e interesante. Se llamaba Eduardo. Andaba vestido solo con una diminuta toalla blanca y estaba preparando el desayuno.

 

El desayuno

Conversamos los tres en la sala y supongo que Moisés notó mi incomodidad porque me llevó a otra habitación y me dijo cualquier excusa para que nos siguiéramos viendo durante mi estadía en Caracas. De haber tenido unos veinte años, habría creído todo aquello porque me dijo lo típico que dicen los hombres casados a sus amantes para que no los dejen. Lo escuché sin decir nada. Nada de lo que dijo hizo olvidar mi incomodidad.

 

Todos desayunamos en toalla. Huevos revueltos, pan rebanado, tocinetas, panquecas y jugo de naranja. Por su religión, Moisés no puede comer tocinos, pero en ese momento, olvidó todo y comió sin ningún tipo de reparo. El desayuno estuvo muy rico, pero fue uno de los momentos más incómodos de mi vida. A pesar de que Moisés me dijo que eran una pareja abierta, no me sentía bienvenido por Eduardo.

 

Eduardo no me trató mal en ningún momento, pero yo sentía el ambiente pesado. Cuestión de energías. En algún momento hice el ejercicio de ponerme en el lugar de Eduardo y no me gustó la sensación. Sentía como si escuchase su voz con cada bocado:

 

  • "¿Qué haces aquí con mi pareja?",

 

  • "Cómo te atreves!",

 

  • "Eres un canalla, roba-maridos",

 

  • "No tienes vergüenza",

 

  • "Moisés es mio",

 

  • "Lárgate, qué esperas?", etc.

 

¿Has tenido una aventura con un chico judío?Conversamos en la mesa luego de comer y Moisés me llevó de nuevo a la habitación. Quería que compartieramos más. Era mi turno de ser activo. Pero le dije que me iba y comencé a vestirme.

 

La cara de Moisés se turbó y evité su mirada. Temía retractarme. De verdad me había gustado. Tenía que ser fuerte así que me vestí rápido, bajé y me fui a mi hotel. Ahora un poco aturdido. Me sentía como en una especie de dimensión desconocida o siendo protagonista de un chiste muy pero muy cruel. Me sentía mal por Moisés, me sentía mal por Eduardo y me sentía mal por mi mismo.

 

Llegué a mi habitación y me eché en mi cama. Dormí por horas ese día domingo. Esa fue mi forma de pasar la página. Esa fue mi historia con mi amigo judío. 

 

Julio Cesar Dominguez


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